SÁBADO: CONTRAACCIONES
Es la cuarta vez que Pilar Massa (Madrid, 1963) dirige una obra y la interpreta. Ya se desdobló con ‘That face’, ‘Tonta del culo’ y ‘La fiebre’. Ahora derrocha facultades con un texto de Mike Bartlett, dramaturgo inglés emergente.
‘Contraacciones’ es un ejercicio de aniquilación psicológica donde una empleada (maravillosa Goizalde Núñez) sucumbe ante el interrogatorio de la gerente de su empresa, Massa. La trabajadora ha vulnerado una cláusula de su contrato: la que prohíbe mantener relaciones sentimentales con otro empleado sin advertirlo a la dirección.
Una comedia negra que denuncia la intromisión de las multinacionales en la vida privada de sus trabajadores. La obra, estrenada en 2010, pasó con éxito por el Teatro Lara de Madrid. Y la crítica la ensalzó. Ahora revive con el Festival Internacional Madrid Sur, y se representa en tres de los municipios organizadores.
DOMINGO: LA BARRACA DEL ZURDO
Esta es la historia de Daniel Buenaventura ‘el Zurdo’, hijo de un minero anarquista asturiano, lanzador de cuchillos y precursor de una saga de artistas ambulantes que vivió las vicisitudes del siglo XX español. Un musical arraigado en la tradición que versa sobre la resistencia.
Narrar las andanzas de tres generaciones de artistas en 90 minutos, con cuatro actores que representan a 37 personajes y sobre las tablas de un escenario requiere un depurado ejercicio de virtuosismo en el manejo de las elipsis y las transiciones y un inspirado trabajo interpretativo.
Es lo que consigue ‘La barraca del zurdo’, un musical escrito, dirigido y compuesto por Emilio Goyanes, fundador de la compañía granadina Laví e Bel. «Los actores se transforman delante del espectador, en cinco segundos se les echan quince años encima y el público lo asume de una manera muy natural. A veces hay cambios de vestuario pero en otras ocasiones lo que hay es un cambio de registro vocal, de gesto, de energía. Incluso hay un momento en que se pasan el personaje. Es un alarde técnico de parte de los actores, que hacen ver muy rápido los cambios sin tecnología detrás», nos cuenta el director.
«Los actores se transforman delante del espectador, en cinco segundos se les echan 15 años encima y el público lo asume de una manera muy natural».
Hay en esta obra musical una fidelidad al espíritu de la barraca, de la tradición teatral más pura, de las variedades.
«Dentro del cabaré se engloban un montón de lenguajes, el transformismo, la magia, el clown, las canciones, la música en directo. Todo esto sigue estando vigente para el público y yo lo que me pregunto es qué encuentra de atractivo en ver una historia en el escenario que pretende ser la realidad, que huye del lenguaje teatral y que se basa únicamente en el texto como recurso de lenguaje», dice Goyanes.
Un músico en directo (Alejandro Cruz). Cuatro actores, Piñaki González, Larisa Ramos, Nerea Cordero y Antonio Ramos Leiva, dan vida a la historia itinerante de Daniel y Aurora, que fundaron su barraca en 1920, actuaron en las misiones pedagógicas de la II República y en el frente de la Guerra Civil, recorrieron América Latina y Europa durante el exilio, vieron a sus hijos y nietos embarcarse en su teatro nómada y regresaron a España para seguir peleando.
Una demostración de versatilidad en un espectáculo con una fuerte carga emocional, donde se pasa de la sonrisa a las lágrimas en una fracción de segundo. «Los actores deben ser atletas de las emociones y en eso trabajamos muchísimo. Es, digamos, una de las señales de identidad de la compañía».


