Entrevista: Nacho Abad Andújar
Lorenzo Navarrete es el decano del Colegio de Sociólogos y Politólogos de Madrid, un experto capaz de analizar un proyecto como en el que se embarca ahora Rivas Vaciamadrid: la descentralización municipal y la división de la ciudad en tres grandes barrios (Rivas Oeste, Rivas Centro y Rivas Este).
La idea del Gobierno ripense pasa por acercar la gestión municipal al vecino -siguiendo criterios de proximidad-, fortalecer los vínculos sociales de cada habitante con su zona de residencia y tratar de construir la identidad individual a través de la identidad colectiva. Para ello se han creado las concejalías de Barrio, con tres ediles al frente: Montse Burgos para Rivas Oeste; Curro Corrales para Rivas Centro y Raúl Sánchez para Rivas Este. Son los responsables, entre otros cometidos, de canalizar las propuestas vecinales de cada zona.
¿Qué ventajas presenta para la ciudadanía la descentralización municipal? ¿Y para los ayuntamientos?
La descentralización y la participación ciudadana permiten que las decisiones sean impulsadas por aquellos que están más cerca de la realidad cotidiana, y éstos son los vecinos y las entidades ciudadanas. Esta forma de proceder implica un considerable aumento de la eficiencia, especialmente si pensamos que los ciudadanos contarán con un concejal de Barrio cuyo cometido es, precisamente, el de estar más cerca del punto donde se detecta la necesidad, o la oportunidad, de iniciar una actuación municipal.
La descentralización disminuye los atrasos causados por las consultas entre las distintas dependencias municipales, así como la necesidad de desplazamientos distantes dentro de la ciudad. Por último, este nuevo modelo de ciudad conlleva una estrecha relación entre los políticos locales, los vecinos y los agentes sociales.
¿Y cuáles son los inconvenientes?
Más allá de cierta confusión inicial, que puede surgir por la adaptación de los procedimientos o protocolos de actuación a la nueva situación, existe el riesgo de la percepción de falta de igualdad entre las distintas zonas en cuanto a los servicios municipales o las inversiones, que debe afrontarse mediante la transparencia y la información a la ciudadanía. La mayor dificultad es psico-social. La descentralización y la participación implican un cambio en la forma de entender el rol del gobierno municipal en su relación con los vecinos. En este sentido, sobre los concejales de Barrio recae la tarea de visibilizar y generar las oportunidades, los acuerdos y los compromisos. Esta es una clara apuesta por la profundización y revitalización de la democracia y de la participación ciudadana.
Para que la descentralización sea efectiva, y no quede en una mera formulación teórica, ¿qué pasos debe estar realmente dispuesto a dar un Gobierno municipal?
En primer lugar, el gobierno debe ayudar a potenciar nuevas identidades de barrio y de ciudad sobre las que apoyar el nuevo modelo de ciudadanía. Los vecinos gradualmente irán apropiándose del nuevo nombre y trazado del barrio, así como de las distintas posibilidades de participación ciudadana en la toma de decisiones, lo que reforzará la deseable gobernanza local. En cuanto al gobierno, este nuevo modelo de ciudad, descentralizada y participada, implica una mayor transparencia y apertura a las necesidades y a la creatividad ciudadana, al igual que a la disensión o la crítica.En opinión de los expertos, la descentralización conlleva la apertura a la ciudadanía de espacios donde entidades ciudadanas y vecinos puedan ejercer influencia y control sobre la acción del gobierno municipal, es decir, más gobierno compartido. Sería necesario que los ciudadanos pudieran consultar los presupuestos municipales de su barrio y que los concejales de Barrio actúen como interlocutores eficaces ante el resto de la corporación municipal.
¿Cuál es el plazo razonable para que un plan municipal de estas características cuaje?
No me atrevo a predecir el tiempo necesario dado que este tipo de medidas no se acometen en solitario, sino que se integran y se desarrollan por muy diversos actores. En primer lugar, y de forma clave, por el gobierno y la administración local, que deberán ajustar sus procesos y adaptarse a la nueva cultura; si bien, posteriormente, serán los vecinos, las vecinas y las entidades ciudadanas, quienes harán posible que el nuevo modelo cuaje.
Uno de los mecanismos para fortalecer la participación vecinal en Rivas pasa por implantar las ‘asambleas de barrio’: espacios de discusión pública para que la ciudadanía sugiera y plantee propuestas, haciendo seguimiento de las mismas, pero huyendo de la ‘aristocracia participativa’ (eruditos que monopolizan los debates). ¿Qué condiciones deben reunir esos foros para ser efectivos?
En la treintena de encuentros ciudadanos organizados por el programa Rivas Participa no se ha producido la monopolización de los debates por parte de eruditos. Debo manifestar que, en su mayoría, los participantes han hecho un uso exquisito de los turnos de palabra y salvo raras excepciones, y perfectamente justificables dada la gravedad de la situación expuesta, como el desahucio de viviendas, los debates han abarcado muy distintos temas y puntos de vista. Lo importante es que el llamado a participar y la difusión de las asambleas sea dirigida a «la base social», como diría el sociólogo urbano Julio Alguacil: «El conjunto de los ciudadanos como elementos que se relacionan, comunica y potencialmente pueden experimentar su capacidad colectiva», de este modo cualquier ciudadano puede participar, sin verse en desventaja frente a grupos previamente organizados.
¿Cómo se puede estimular la participación vecinal al respecto?
El Gobierno municipal debe involucrarse en facilitar al máximo la integración de la opinión ciudadana en su quehacer cotidiano. Para ello, debe facilitar nuevos y sencillos canales de interactuación en su municipio y premiar, de alguna manera, el tiempo y la dedicación de los participantes. Por ejemplo, en algunas ‘Transition Towns’, o ciudades en transición, la participación es recompensada con descuentos en el pago de los impuestos municipales. Pero más allá de recompensas individuales, la mejor forma de fomentar la participación es la operatividad, es decir, la percepción que tendrán las personas de que su participación se vuelve operativa, concreta, visible y transformadora. Que la gente pueda decir: «Yo participé en la idea de realizar eso que está ahí o en esta forma de hacer las cosas ahora», que es algo concreto y bueno para el barrio.
¿Ha enseñado algo el 15-M?
Enseña que las nuevas tecnologías son una herramienta clave y que debe encontrarse el modo de hacer política para las personas. Los jóvenes han contestado al sistema económico, aunque éste nunca les preguntó.
Por su experiencia, ¿están dispuestos los gobiernos locales a transferir poder, a trasladar parte de su soberanía a la ciudadanía?
Hay problemas en renunciar a los espacios de poder, pero sobre todo hay un problema de cultura organizacional, que también debe adaptarse a las nuevas exigencias de la ciudadanía. Parece que no sólo hay que convencer a los vecinos y vecinas para profundizar en proyectos como los presupuestos participativos, sino que las propias administraciones deben realizar una profunda labor pedagógica de puertas para adentro. Esto se traduciría en reducir los gastos municipales cuando los ciudadanos son conscientes de que en realidad son ellos los que pagan.
¿Qué papel puede jugar el tejido asociativo clásico (comerciantes, entidades ciudadanas, ampas, consejos municipales de Educación, Mujer, Salud o Cooperación, por ejemplo) en este nuevo modelo de participación?
Ese tejido clásico es la base de la sociedad civil ripense, tiene mucha tradición y peso en nuestra memoria colectiva, y con el nuevo modelo mantiene un lugar claro como intermediador entre el ámbito municipal y su colectivo. Además, estas asociaciones, en función de sus intereses, también pueden integrarse en los consejos sectoriales.
¿Qué ciudades españoles han profundizado más en la descentralización municipal? ¿Y en Europa?
Bueno, en España son conocidas las experiencias de Sevilla, Málaga, Rubí, Getafe o Córdoba, pero hay muchas más. A nivel europeo están Bolonia, Venecia, Bobigny, por nombrar algunas.
¿Se han convertido los municipios en los espacios donde mayores innovaciones se han producido respecto a la participación ciudadana?
Sin duda. El mismo Alguacil dice, en otro artículo, que «existe una probada tendencia cuanto más arriba se está en la jerarquía administrativa, a tener menor interés por delegar decisiones entendiéndose la participación como mera información de las actuaciones administrativas». En España, y en todo el mundo, la administración que más espacios abre a los ciudadanos para involucrarse y participar son los ayuntamientos, pues son los que primero perciben las necesidades y exigencias de la ciudadanía por su cercanía y permanencia al lado de la gente
Pasado el tiempo, los presupuestos participativos, ¿son en España una operación de marketing o existen experiencias realmente transformadoras al respecto?
No creo que haya exponerlo de forma dual, dado que existen operaciones de marketing realmente transformadoras. En cualquier caso, parece claro que se avecinan tiempos duros y, por lo tanto, el debate iniciado en torno a los presupuestos participativos debería superarse pasando a una dimensión de genuina democratización de los procesos locales de gobierno.


